D’ací a 700 anys el llorer florirá! ¡Dentro de 700 años el laurel florecerá!
A principios del siglo XIV, la Comunitat Valenciana acogió al primer gran éxodo europeo, el de los cátaros o bons homes, que, perseguidos por la inquisición francesa a causa de sus creencias cristianas ortodoxas, huyeron desde el Sur de Francia, atravesando los Pirineos y más de seiscientos kilómetros para refugiarse en diversos municipios de la Comunitat Valenciana. Ahora, casi 700 años después, podemos revivir esta gran aventura, realizando un extraordinario viaje a nuestro pasado medieval más desconocido y emocionante a través de las tierras y legado de estos primeros refugiados, que trajeron consigo sus tradiciones y su cultura. Diversas poblaciones dels Ports y el Maestrat, como Morella o Sant Mateu y también la ciudad de Valencia fueron sus principales moradas, contribuyendo en gran medida a su esplendor medieval. Esta ruta une los territorios del Midi francés, Catalunya y Aragón con la Comunitat Valenciana y nos permite revivir un importante episodio de nuestra historia y la experiencia de quienes tuvieron que huir de sus tierras en busca de una nueva vida y de la libertad.   “¡Yo soy el Rey! Y llegó la oscuridad a Occitania y la luz se fue hacia Valencia” Perseguidos y acosados, numerosos cátaros (“puros” en griego) huyeron desde la región de Toulouse, Carcasonne y Albi en Occitania, hasta las nuevas tierras conquistadas pocos años antes por el rey Jaume I, cuyo padre había muerto en la batalla de Muret por defender los derechos de vasallaje y a su población, compuesta en gran parte por cátaros. Los cátaros se integraron en la sociedad que les acogió e influyeron notablemente en el desarrollo de sectores económicos clave para la Comunitat como el ganadero, el textil, la arquitectura gótica o el arte medieval, impulsando la notable expansión comercial y cultural de las poblaciones valencianas en la Baja Edad Media. Los últimos cátaros En Sant Mateu existió una importante colonia cátara que se reunía en la casa de la familia Mauri, procedente de la pequeña población occitana de Montaillau. Su recuerdo está latente en lugares como el paseo que rodea la muralla de la población, dedicado a uno de los cátaros que allí vivieron. Siguiendo esta ruta podremos contemplar los mismos paisajes y monumentos y puede que también sintamos el susurro de su historia singular.

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